Encontrar a la persona que te represente frente a un inconveniente legal no se semeja en nada a pedir una pizza. No es suficiente con teclear “abogados cerca de mí” y llamar al primero que aparece. He visto a clientes perder tiempo, dinero y, lo más doloroso, oportunidades de solucionar su enfrentamiento por haber elegido con prisa o por detalles que, al principio, parecía que no importaban. Otros, con un tanto de método y una charla franca, dieron con el profesional conveniente y salieron adelante aun en casos muy cuesta arriba.
El objetivo no es contratar al más simpático, ni al más asequible, ni al que alardea de ser “el mejor despacho de abogados”. La meta es localizar un buen abogado para tu asunto concreto, que te hable claro, que te explique las opciones y que se comprometa con un plan. Si te tomas una hora para investigar, preguntar y contrastar, esa hora se traduce en meses de tranquilidad.
A continuación, los 7 fallos que veo con más frecuencia y de qué forma evitarlos, con ejemplos reales de mesa de despacho y ciertas pistas prácticas para tomar decisiones con cabeza.
Error 1: confundir proximidad con idoneidad
La geolocalización facilita la vida, mas tu inconveniente legal no entiende de distancias cortas. Seleccionar solo por cercanía, sin mirar especialización ni experiencia, sale costoso. Un vecino me contó que contrató a un abogado que tenía su oficina a dos calles por un despido. El profesional llevaba sobre todo divorcios y herencias. Resultado: admitieron una indemnización por debajo del baremo que tocaba por no pelear un plus de antigüedad. Bastaba con preguntar a alguien habituado a pleitos laborales para conocer ese detalle.
La cercanía suma cuando el asunto exige asambleas frecuentes, firma de documentos o visitas a juzgado, como en procedimientos de familia o penales con medidas cautelares. En cambio, en muchas materias mercantiles, laborales o de consumo, puedes trabajar de forma híbrida y priorizar la pericia. He llevado negociaciones de arrendamientos con clientes del servicio a setecientos kilómetros, con una video llamada cada semana y resultados mejores que con reuniones presenciales sin foco.
Evítalo así: define tu prioridad. Si es un conflicto especializado, empieza por filtrar por área de práctica. Si además te resulta esencial la cercanía, entonces sí, en ese filtro, busca opciones accesibles. Proximidad e pertinencia no se excluyen, mas la primera no compensa la ausencia de la segunda.
Error 2: dejarse llevar por anuncios grandilocuentes
Los anuncios que proclaman “ganamos todos los casos” o “somos el mejor despacho de abogados” activan mis alarmas. Los resultados en Derecho dependen de pruebas, plazos, criterio del juez y comportamiento de la parte contraria. Absolutamente nadie gana siempre. Un mensaje así puede significar dos cosas: marketing beligerante o una selección muy limitada de temas fáciles.
No digo que la publicidad sea mala. Es útil para saber que alguien existe y qué materias trabaja. Lo que no hace es substituir la verificación. Pide casos comparables, no generalidades. Si un despacho alardea de recuperar comisiones bancarias, que te cuente tasas de éxito en tu género de contrato y en tu provincia. He visto despachos con un 80 por ciento de estimaciones en tarjetas revolving en dos mil veintiuno que, en 2023, bajaron a un cincuenta por ciento tras cambios de criterio judicial. El buen profesional te dirá de qué forma ha ajustado su estrategia, no ocultará el dato.
Busca señales de calidad más discretas: publicaciones técnicas firmadas por la persona que te atenderá, comunicaciones, sentencias convenientes con número de autos visible (cuando son públicas) y, sobre todo, explicación concreta de su método. Cuando alguien te describe con precisión las etapas, los riesgos y los costes, acostumbra a ser por el hecho de que lo ha recorrido muy frecuentemente.
Error 3: no revisar la especialización real
“Civil” abarca desde un desahucio hasta una reclamación por vicios de construcción. “Mercantil” va de concursos de acreedores a acuerdos de asociados. He visto a clientes del servicio confundir etiquetas extensas con competencias concretas. Un ejemplo: una pareja con una vivienda en cooperativa asistió a un letrado “civilista” por retrasos en la entrega. El letrado no había llevado cooperativas, no supo identificar la vía más eficiente, y al final se consumió el plazo ideal para rescindir sin penalización.
La especialización real se nota en el lenguaje. Si preguntas por un despido objetivo y te hablan de “indemnización de veinte días por año trabajado https://gregorycyoq383.image-perth.org/guia-completa-en-que-momento-y-por-que-deberias-contactar-a-un-despacho-de-abogados con máximo de 12 mensualidades” y de la importancia del preaviso, conoces a alguien que pisa los juzgados de lo Social. Si planteas un conflicto entre socios y te mientan etiquetas tipo “acuerdo de socios, cláusulas de arrastre, derecho de adquisición preferente”, ese profesional se mueve en mercantil. Si al contrario escuchas vaguedades, cambia de rumbo.
En mi experiencia, es conveniente solicitar dos o tres ejemplos específicos, recientes, y preguntar qué haría distinto ahora con respecto a hace cinco años. Quien practica de verdad un área te charlará de de qué forma cambiaron los criterios, de sentencias clave y de hábitos procesales en los juzgados locales.
Error 4: decidir solo por el costo o por la primera consulta gratuita
El costo importa, claro. Pero no conviene reducir la decisión a la cantidad más baja o a quién ofrece la primera consulta gratis. La primera consulta gratis puede ser un filtro afable para conocer el caso y decidir si se admite, o una operación de volumen con consejos generales que no aportan estrategia. He visto de todo: consultas gratis muy útiles, y otras con tarifa que valieron cada euro por el diagnóstico y la hoja de ruta.
Lo que marca la diferencia es la fórmula de honorarios, su claridad y su alineación con tus objetivos. En asuntos con cuantía, un fijo razonable más un variable por éxito puede alinear intereses. En otros, como asesorías continuadas a empresas, una iguala con alcance definido evita sorpresas. Lo peor es la vaguedad. Si en la primera asamblea te dicen “ya vemos” y no te entregan una hoja de encargo con conceptos, plazos y forma de pago, vienen malentendidos.
Un dato práctico: solicita que te detallen qué incluye y qué no incluye. Redacción de demandas, escritos, asistencia a vistas, recursos, tasación de costas, negociación extrajudicial. Pregunta asimismo por suplidos: procurador, peritos, tasas si aplican. Un presupuesto barato que no contempla un peritaje esencial no es asequible, es incompleto.
Error 5: no contrastar la reputación más allá de las reseñas
Las recensiones en plataformas ayudan, pero son un termómetro imperfecto. Hay valoraciones infladas por campañas de marketing, y asimismo clientes del servicio legítimos que se enojan por resultados ineludibles. Aun así, conviene leerlas, buscando patrones. Cuando múltiples personas mencionan “explicó riesgos”, “respondió rápido”, “me mantuvo al tanto”, acostumbramos a estar ante buenos hábitos.
Más allá de las reseñas, estudia lo verificable. Comprueba el colegio profesional, que esté al tanto de habilitación. Si el caso lo deja, solicita referencias, no para hablar de confidencias, sino para saber de qué manera fue la comunicación y el cumplimiento de lo pactado. En empresas, es sensato preguntar si trabajan con tu campo. Un proveedor industrial que asesoré prefería abogados que ya conocían logística inversa y sanciones aduaneras; eso les ahorraba horas de puesta al día.
En litigios con alto componente técnico, valora si el letrado trabaja codo a codo con peritos y si tiene red de contactos. Un accidente laboral con cuestionamiento de medidas de seguridad, por poner un ejemplo, exige coordinación con ingenieros de prevención. En consumo financiero, es conveniente que esté al día de criterios de la Audiencia Provincial que te toca. Todo esto se descubre con dos preguntas bien hechas.
Error 6: olvidar la química y la comunicación
No se trata de hacerse amigos, sino más bien de poder hablar con honradez. Hay clientes del servicio que evitan contar un detalle por vergüenza y ese detalle cambia el caso. Si tu letrado te interrumpe, desestima tus inquietudes o te promete lo que quieras oír, lo normal es que no le confíes la parte incómoda. Y las sorpresas, en Derecho, salen mal.

Observa señales tempranas. Llega tarde sin informar, te devuelve la llamada tres días después, o delega en personal administrativo asuntos que requieren criterio jurídico. Ninguna de esas cosas por sí sola descalifica, pero juntas pintan un cuadro. He salvado más de un tema en el que la estrategia estaba bien planteada, mas el cliente del servicio no comprendía por qué se había optado por negociar ya antes de demandar. Faltó una llamada de quince minutos para explicar tiempos y ventajas.
Yo mido la química de forma sencilla: después de la primera reunión, ¿puedes explicar a otra persona el plan, los peligros y el coste aproximado? Si no puedes, tal vez no se comunicó bien. Y si no se comunicó bien en frío, menos lo va a hacer cuando corran los plazos.
Error 7: no definir el éxito ya antes de empezar
No todos procuran lo mismo. Hay quien quiere maximizar recuperación económica, aunque implique un par de años de pleito. Otros prefieren cerrar rápido con un pacto suficientemente bueno para proseguir con su negocio. He acompañado a empresarios que admitieron un setenta por ciento de su intención a cambio de no bloquear una alianza clave. Fue una buena resolución para sus metas, no para el ego.
El fallo está en no charlar de esto al comienzo. Cuando dos personas no comparten la definición de éxito, aparece la frustración. Si para ti éxito en un divorcio es conservar la residencia familiar y un régimen flexible de visitas, tu letrada debe vertebrar la negociación alrededor de eso. Si te obsesionas con una victoria simbólica, quizá gastes tiempo y dinero en algo que no mejora tu vida.
Pide que se establezcan jalones y criterios de resolución. Por ejemplo: intentaremos pacto a lo largo de treinta días con una banda de resultados aceptable; si no, demandamos, y si la audiencia preliminar arroja tal escenario, reevaluamos. Esa claridad te devuelve el control.
Cómo cotejar opciones de forma veloz y justa
Seleccionar 3 o cuatro aspirantes y compararlos con procedimiento evita la parálisis por análisis. Durante años, he usado con clientes una pauta breve, prácticamente una lista de chequeo que entra en una página. No sustituye tu juicio, pero ordena la charla y te ayuda a eludir sesgos por simpatía o por temor.
Lista de verificación para entrevistar a despachos
- Especialización concreta en mi tema, con ejemplos recientes equiparables. Explicación de estrategia y opciones alternativas, con peligros y tiempos. Hoja de encargo clara: alcance, honorarios, reemplazados y condiciones. Disponibilidad y forma de comunicación, plazos de respuesta. Conflictos de interés descartados y equipo asignado identificado.
Si después de aplicar esta lista dos opciones prosiguen empatadas, valora quién te hizo mejores preguntas. El abogado que formula preguntas precisas acostumbra a advertir ya antes los puntos enclenques y prepara mejor la prueba.
Señales tempranas de que vas por buen camino
Cuando un cliente me cuenta sus primeras conversaciones con diferentes profesionales, suelo identificar patrones de calidad. Un buen letrado pocas veces empieza prometiendo un resultado. Empieza por definir hechos y por pedir documentos clave. En un alquiler, te pide el contrato completo y anejos, no solamente la página de la renta. En un despido, solicita la carta, la vida laboral, las nóminas de los últimos doce meses y la existencia de pluses. En un conflicto societario, examina estatutos y el pacto de socios, además de actas.
También valoro la capacidad de traducir lo complejo. Si en cinco minutos te explican qué es la audiencia anterior, qué se discute allí y por qué es conveniente llevar testigos o no, sabes que dominen el terreno. Esa pedagogía es un predictor de menos sorpresas.
Otra señal conveniente es el manejo de los tiempos. Alguien que te marca un cronograma aproximado con jalones, por poner un ejemplo, “envío de burofax esta semana, respuesta esperable en 10 a 15 días, si no, demanda en treinta días, primera vista en 6 a nueve meses conforme juzgado” te da control sobre tu ansiedad y margen para tomar decisiones informadas.
Qué preguntar en la primera llamada o reunión
Una pregunta bien formulada ahorra 3 correos. Muchos clientes del servicio llegan con nervios y salen con labores. Es normal. Aquí conviene ir con un puñado de preguntas que revelan de qué forma trabaja la otra parte sin necesidad de ser especialista.
Preguntas que funcionan:
- ¿Qué documentos necesitas para formarte un criterio sólido y por qué? ¿Cuál es tu plan A, tu plan B y qué haría que cambiáramos de plan? ¿Qué escenarios de coste total ves, incluyendo reemplazados y peritajes? ¿Qué harías si la otra parte ofrece un acuerdo intermedio? ¿De qué forma me vas a ir informando y cada cuánto?
Si te responden con claridad y sin defensiva, seguramente te sientas acompañado a lo largo del proceso. Y si ves resistencia a charlar de costos o de cambios de estrategia, mejor advertirlo pronto.
Online, presencial o mixto: el formato importa menos que la disciplina
La pandemia enseñó a muchos despachos a trabajar en remoto de forma eficaz. Hoy, conjuntar asambleas virtuales con firmas digitales y comunicación asíncrona soluciona una gran parte de los temas. Eso te abre más opciones que los tres bufetes de tu distrito. Ojo con las materias que aún requieren presencia o que ganan con verla frente a frente. En derecho penal, por servirnos de un ejemplo, la primera asamblea presencial ayuda a construir confianza y a captar el lenguaje no verbal. En negociaciones tensas, una mesa física con las dos partes puede destrabar lo que 20 correos no consiguieron.
Lo esencial es tener un canal claro y un ritmo. He visto casos que zozobran no por carencia de destreza, sino más bien por correos sin responder y documentos perdidos. Establece al comienzo de qué forma compartir ficheros, de qué forma asegurar la confidencialidad, y quién es tu contacto directo. Si trabajas con un equipo, saber quién hace qué reduce fricciones.
El mito del despacho más grande
Un nombre reconocido impresiona, pero no siempre se traduce en la opción mejor para ti. Los grandes despachos son excelentes para operaciones complejas, multinacionales o pleitos con múltiples jurisdicciones. Si tu tema es una reclamación de cantidad de 20.000 euros o una impugnación de sanción administrativa local, quizás un despacho mediano o un letrado boutique, muy centrado en esa materia, te ofrezca más atención y eficiencia.
He visto a pequeñas y medianas empresas pagar honorarios de estructura por servicios que un especialista hubiera resuelto con exactamente el mismo rigor y menos vueltas. También he visto boutiques que pecan de falta de músculo ante picos de trabajo. La clave no es otra que dimensionar. Pregunta por carga de trabajo, por quién llevará tu expediente y cómo se cubren las ausencias. Un nombre en la puerta no te representará en sala si la persona asignada no tiene margen.
Cómo compensar coste, peligro y valor
En Derecho, prácticamente todo se mueve en rangos. El coste es una variable, el tiempo otra, y el valor de tu objetivo una tercera. Discutirlas de forma fría y poner números evita decisiones emocionales. Si reclamas 50.000 euros por incumplimiento, con probabilidad de éxito que tu abogado estima en un sesenta a setenta por ciento, y prevés un par de años de pleito, valora qué es lo que significa para tu caja y tu paciencia. Si admitir treinta y cinco hoy te deja invertir en tu negocio, el acuerdo tiene un valor que no aparece en la sentencia.
Los honorarios por éxito pueden alinear, pero cuidado con falsas esperanzas. El porcentaje debe corresponder al riesgo real y al trabajo fijo necesario. Un variable del diez al 20 por ciento en recuperaciones de cantidad acostumbra a ser razonable si el fijo inicial cubre mínimos. En litigios con escasa cuantía, un fijo claro evita sorpresas. Todo es negociable si se habla francamente.
Documentos y pruebas: tu aporte es decisivo
El mejor abogado no compensa un cliente que no aporta documentos a tiempo o que los entrega desorganizados. Lo contrario asimismo es cierto: un expediente bien armado multiplica la capacidad de negociación. Recuerdo una reclamación por vicios ocultos en la compra de un vehículo de segunda mano. El cliente del servicio guardó correos, fotos con datas y un informe de taller emitido a los diez días de la adquisición. Con esa carpetita, la empresa aseguradora del vendedor planteó acuerdo ya antes de ir a juicio.
Construye tu carpetita desde el día uno. Contratos, anexos, comunicaciones, fotos, capturas de pantalla con data, facturas, justificantes. Evita manipular documentos o recrear conversaciones; eso destroza casos. Si falta algo, dilo cuanto antes. En muchas ocasiones hay vías alternativas de prueba: testigos, informes, periciales.
Qué hacer si necesitas mudar de letrado a mitad de camino
A veces, a pesar de todos los cuidados, la relación no funciona. Mudar de letrado es posible y, en ocasiones, recomendable. Antes de hacerlo, procura una charla franca sobre lo que no está marchando. Si no hay respuesta o el disconformodidad es de fondo, pide copia íntegra de tu expediente, la hoja de encargo y un estado de honorarios devengados. La ley y la deontología obligan a facilitar el traspaso con diligencia.

El nuevo profesional valorará si resulta conveniente sostener la estrategia o ajustar el rumbo. Cambiar por cambiar, sin plan, puede valer plazos o duplicar trabajo. Mudar para enderezar comunicación y enfoque puede salvar el caso. He recibido temas a tres semanas de una vista con margen justo para preparar testigos y depurar pruebas. Se ganó por el hecho de que el material estaba, solo faltaba orden.
Cómo contactar con un buen letrado sin perder tiempo
El primer contacto define el tono. Un correo de dos párrafos, sucinto y con adjuntos clave, acelera todo. Evita mensajes genéricos. Di qué sucedió, en qué momento, qué buscas, y anexa documentos principales. Si llamas, solicita una breve llamada de encuadre, de diez a quince minutos, para confirmar si encaja y qué precisas preparar para una consulta formal. Esa forma de contactar con un buen letrado transmite seriedad y te pondrá en la lista correcta.
Si te urge, dilo y explica por qué. Muchos plazos legales son estrictos: 20 días hábiles en despidos, 1 año en responsabilidad extracontractual en varios ordenamientos, cuatro años en reclamaciones tributarias, por citar rangos orientativos que cambian conforme país y materia. Un profesional responsable te afirmará si llega o no llega y te recomendará alternativas.
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